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El LHC penetra en terreno desconocido para la física tras la búsqueda del bosón

Los investigadores creen que el acelerador aún puede ofrecer información que cambie los conocimientos sobre la materia

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En el mundo de los cazadores de partículas hay dos especies diferenciadas. Por un lado están los experimentales, los que diseñan los grandes detectores en los que atrapar a las diminutas partículas, los que se manchan las manos en el terreno para capturar al bosón. Si el higgs fuese Bin Laden, los experimentales serían los cuerpos de operaciones especiales de la física.

Presentación del Higgs en el CERN.Ampliar

Presentación del Higgs en Ginebra. / CERN

Pero antes de salir de caza es necesario otro grupo que justifique la inversión en una operación que será cara y arriesgada, cerebros que elaboren un planteamiento ideológico que aunque parta de especulaciones aspire a ajustarse lo más posible a la realidad. Y eso es lo que proporcionan los físicos teóricos.

En Madrid, un grupo de esta última especie se ha reunido en el IFT (Instituto de Física Teórica, UAM/CSIC) para ver cómo sus compañeros experimentales exhibían la pieza, el higgs, desde el cuartel general del CERN en Ginebra.

Después de todas las filtraciones previas al anuncio, que empieza a confirmar una teoría que se empezó a plantear hace medio siglo, parece que había poco espacio para la sorpresa, pero Alberto Casas, director del IFT, no menosprecia la importancia del hallazgo para los teóricos. “Hasta ahora, un higgs como el que parece que confirmará el LHC era una entre muchas hipótesis de trabajo. Con el descubrimiento por fin se toma una dirección”.

Carlos Muñoz, vicedirector del centro, también enfatiza la importancia de la nueva partícula. “No es una más, porque es la que hace que el resto tenga masa. Hasta ahora teníamos el resto de partículas, que eran como los ladrillos, pero ahora tenemos el cemento que les da unidad”, añade.

Durante su presentación, el director del CERN, Rolf Heuer, ha dicho que hay LHC para 20 años. En ese tiempo, pueden producirse muchos descubrimientos y, si les dan a elegir, Casas y Muñoz tienen sus preferencias. “A mí me gustaría que hubiese nueva física, que la naturaleza nos sorprendiese, como cuando Michelson y Morley comprobaron que el éter no existía con un experimento y pusieron la base de la teoría de la relatividad”.

Sin sorpresas

A Muñoz, sin embargo, le resulta más atractivo pensar que especulaciones aparentemente descabelladas desarrolladas por la mente humana sean capaces de predecir el comportamiento de la realidad. En cualquier caso, cree que es improbable que los resultados del LHC sorprendan a los teóricos.

“Hace unos años, los centros controlaban de otra manera las publicaciones y por ejemplo a George Zweig no le permitieron publicar su teoría sobre los quarks, pero ahora se publica prácticamente todo”, explica. “Me parece muy difícil que después de tantos años que hemos tenido para sustituir el modelo estándar por una teoría mejor no haya sucedido y vaya a aparecer un resultado experimental no previsto”, indica.

Y sobre las posibilidades de testar teorías aún sin comprobar, Casas cree que el LHC tiene potencia suficiente para encontrar fenómenos que impliquen la existencia de nueva física. Además, opina que, “aunque podrían aparecer nuevas ideas más sencillas y baratas”, los grandes aceleradores, cada vez más potentes, serán casi la única opción para seguir testando las nuevas teorías.

“El siguiente paso es un acelerador lineal de electrones y positrones”, explica Muñoz. El LHC es un detector diseñado para hacer descubrimientos, pero que por su propio carácter salvaje no es tan bueno para hacer medidas de precisión. El acelerador lineal, mejor domado, ofrecería señales con menos ruido que permitirían pasar a limpio lo encontrado en el LHC.


Contra el Nobel para el colectivo

“No me gustaría que premiasen la captura del higgs con un Nobel colectivo“. El vicedirector del IFT, Carlos Muñoz, reacciona con vehemencia. “Es cierto que la física moderna tiene estas características, pero preferiría que no sucediese”, añade. “De alguna manera, te gusta personalizar al héroe”.

Alberto Casas, director del centro, no lo rechaza con tanta energía, pero tampoco parece entusiasmado por la idea. “Se pierde el encanto romántico del descubrimiento realizado por pocos de la ciencia”, plantea. “No me gusta lo del premio colectivo como norma, aunque es posible que en casos especiales… En cualquier caso, en este tipo de experimentos es muy complicado señalar a uno o a tres responsables”, concluye.


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