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Silicon Valley invierte 1,5 millones de dólares para que volvamos a leer al sofá

El presidente de Google y los fundadores de Netscape y Facebook apuestan por la plataforma de publicación Atavist, que ha vendido 100.000 artículos en un año

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Pantallazos de la aplicación Atavist
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  • Atavist

    La aplicación, en el iPad.
    http://atavist.com
  • Vídeo

    El prólogo de 'Lifted' es un vídeo.
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  • 'Piano demon'

    La peculiar historia de un desconocido músico de jazz.
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  • Opciones

    Vista de una de las aplicaciones
    http://atavist.com
  • Texto

    Las posibilidades de la aplicación.
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FOTOGALERIA | Atavist ha publicado ya una decena de artículos. / Atavist

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Lifted no es un artículo periodístico, ni un libro, ni un reportaje de televisión ni tampoco una historia multimedia. Es un poco de todo eso.  El texto arranca con un vídeo que muestra a unos atracadores aterrizando en helicóptero en el tejado de un banco, y abriéndose paso con una maza hacia un botín de 150 millones de dólares. La historia de cómo fueron atrapados, aderezada con enlaces multimedia y música, se puede leer en la biblioteca de Atavist, un quimera editorial que mezcla software puntero, diseño atractivo e historias periodísticas de alta calidad con un único objetivo: convertirse en el punto de encuentro entre los reporteros que quieran escribir historias que son demasiado largas para una revista pero muy cortas para convertirse en libros, y los lectores que están deseando leerlas.

III EN ESTA NOTICIA

Ficha: Cinco formas de 'leer largo' ↓

Atavist, que lleva en el mercado un año y medio, acaba de recibir una inversión de 1,5 millones de dólares de los mayores magnates de Silicon Valley, entre ellos el presidente ejecutivo de Google, Eric Schmidt, el fundador de Facebook y Napster, Sean Parker, y el de Netscape, Marc Andreessen. “Están interesados en que nuestra herramienta de software se convierta en una aplicación que todo el mundo pueda usar para publicar sus propias historias”, explica Evan Ratliff, creador y presidente de Atavist, en conversación telefónica desde Brooklin (Nueva York), donde está la sede de la compañía. Atavist se convierte así en la primera compañía de contenidos en este creciente mercado que atrae la atención de los gurús de internet.

Ratliff es un reconocido periodista que ha colaborado con National Geographic, New Yorker o Wired. En esta última revista desafió a sus lectores a encontrarle tras desaparecer y borrar todas sus huellas digitales. Tras este “extraño” experimento periodístico, como él lo recuerda, el reportero se dio cuenta de que cada vez existían menos revistas que publicaran este tipo de artículos, que necesitan un largo tiempo de producción y edición y ocupan más espacio de lo que suelen dedicarle a un reportaje (más de 10.000 palabras frente a 3.000 o 5.000). Con él se embarcaron Nicholas Thompson, director de NewYorker.com, y Jefferson Rabb, diseñador de webs y aplicaciones para editoriales.

Atavist ha publicado 10 historias en un año, todas ellas de no ficción, y ha vendido 100.00 ejemplares en diferentes plataformas. Las historias enriquecidas con multimedia (vídeos, audios, cronologías, mapas, enlaces…) están disponibles por 2,99 dólares en los dispositivos de Apple (iPod, iPad, iPhone), y pronto lo estarán también en formato web y en los productos Android, el sistema operativo móvil de Google. Las textos se pueden leer por 1,99 dólares en las tiendas de los libros electrónicos Kindle (de Amazon), Nook (de Barnes & Noble) o Kobo. Atavist es, en resumen y como explica la propia compañía, una especie de iTunes de artículos periodísticos.

Cinco formas de 'leer largo'


  1. Cícero.  ”Periodismo en formato largo”. Así se define esta editorial española que nace para publicar “grandes historias” de “periodistas de prestigio” por apenas 1,99 euros.
  2. Longreads. Esta web nació de un hashtag, esa etiqueta que marca conversaciones en Twitter, donde los lectores exigían lecturas de mayor profundidad. Las historias en Longreads están seleccionadas entre decenas de fuentes, y oscilan entre las 1.500 y las 30.000 palabras. Funciona con aplicaciones como InstapaperFlipBoard o Pocket, que permiten guardar los artículos en teléfonos o tabletas.
  3. Byliner. Esta editorial publica artículos entre 5.000 y 30.000 palabras, que después pueden ser comprados en Kindle Singles de Amazon, Quick Reads de Apple’s iBookstore, y NOOK Snaps deBN.com.
  4. Longshot. La idea de esta original web es reunir a miles de escritores, periodistas, diseñadores y programadores durante 48 horas (entre el 29 y el 31 de julio) para crear una revista, de principio a fin.
  5. The Browser. Esta web selecciona lo que considera las mejores lecturas de internet cada día, clasificadas por diferentes temas.

“Digital no significa más corto o menos profundo”, defiende Atavist en su declaración de intenciones. Ratliff cree que la ecuación que vincula las historias digitales con la superficialidad murió con el nacimiento de los libros electrónicos y, posteriormente, las tabletas. Y piensa también que se ha abierto una puerta al pago de contenidos que parece cerrada en internet. “No tiene sentido pensar que la gente va a pagar por agregación de noticias o por opinión, que están por todas partes. Pero está ya muy claro hay una audiencia dispuesta a pagar por historias muy trabajadas. Ahora es cuestión de captar su atención par que lean las tuyas y no las de otros”.

“Creo que Atavist explota la necesidad que todo tenemos  de contar historias en formato multimedia, pero hasta hace poco no existían las herramientas para hacerlo”, ha explicado Eric Schmidt a The New York Times.

Los escritores que trabajan con Atavist reciben el 50% de cada descarga, y eso es una gran ventaja para ellos, defiende Ratliff. “Si trabajas para una revista te pagan únicamente ese artículo; con nosotros tienes la posibilidad de que decenas de miles de personas compren tu obra, lo que significa que puedes hacer más dinero con ella, y durante más tiempo”. Ratliff explica que los autores suelen trabajar en sus historias durante dos meses, y el equipo de producción de Atavist emplea después otro mes en integrar la información multimedia, comprobar todos los datos (un proceso que en el mundo periodísitico anglosajón se conoce como fact checking) y editar el texto.

Aunque Ratliff no hace públicas las cifras de negocio de Atavist, sí desvela que su mayor fuente de ingresos consiste en licenciar su software a terceros, como la editorial Pearson o las conferencias TED, y esa es la línea de negocio que esperan impulsar con la inversión llegada desde Silicon Valley. A finales de este verano, Atavist pondrá en el mercado una versión gratuita de su herramienta para permitir que cualquiera pueda producir sus propias historias y venderlas en las librerías digitales o en la propia web de Atavist. En la página  ya hay lista de espera para probarla. “Hay periodistas que quieren hacer piezas muy informativas, otros quieren publicar historias más personales, como diarios de viaje, y hay profesores que quieren editar textos para sus clases”, desvela el presidente de la compañía.

Ratliff espera que, en un año, la herramienta haya crecido y madurado. No es el único que lo espera. En una extraña concesión en un diario periodísticamente muy conservador, el reportero David Carr escribe el New York Times: “Es maravilloso saber que algo tan pintoresco como un sitio que valora el periodismo se haya beneficiado de todo el dinero que hay por ahí”. Y añade: “Es maravilloso saber que un tipo con un teclado puede soñar”.

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